Detrás del látigo hay un camino
Llegué al látigo desde la práctica en el BDSM, con lo que eso exige: curiosidad, responsabilidad y la necesidad de entender lo que se tiene en la mano.
Esa necesidad no se quedó en el látigo.
Es la misma pregunta que sostiene todo lo que hago:
¿Por qué funciona esto?


Lo que sostiene mi criterio con el látigo no nace sólo del látigo.
Además del látigo, he practicado esgrima antigua, artes marciales y otras disciplinas de combate. En todas he observado una constante: control e intención van de la mano. En la práctica del látigo se ve lo mismo.
Un arma no obedece al músculo. Obedece al criterio, a la intención, al estado interno de quien la empuña.
El látigo, como la espada,
sigue al espíritu fuerte.
Fabricar un látigo no es un complemento a la enseñanza.
Trenzo látigos desde hace 10 años.
Aprendiendo, probando, deshaciendo lo que no funcionaba, he descubierto detalles que rara vez se explican: como el cáculo de los perfiles del core. La información a medias siempre me ha incomodado.
Lo que enseño está construido sobre lo que he probado con las manos.

No enseño para que dependas de mí.
Enseño para que aprendas a observar por ti mismo.
Puedo mostrarte lo que he comprobado con años de práctica. El criterio, al final, tiene que construirse dentro de ti.
Hablo subido a la silla de mis convicciones. Pero si tu silla resulta más sólida, me subiré a ella y la defenderé contigo.
Busco personas capaces de pensar con criterio propio, incluso cuando yo ya no esté enseñando.
Dhambalha sabe las dos cosas. Y se nota desde el primer momento."
Esta es la forma en que trabajo con cada persona que confía en aprender conmigo
En Formación están los cursos y lo que se trabaja en cada uno. Todos empiezan igual: con una conversación en la que me cuentas en qué momento está tu práctica.
Cada persona que aprende
me recuerda por qué sigo construyendo.


